martes, 4 de octubre de 2016

REFLEXIONES DESDE LA VENTANA JUNTO A LA PEQUEÑA GÉNOVA ATLÁNTICA.


Ventana con asientos e inmejorables vistas
"Hállome" aquí, tan extraño, junto a una vetusta y centenaria ventana de asientos de un viejo inmueble "superviviente" de una gran "tragedia". Desde aquí sus propietarios y descendientes, durante generaciones, han tenido el privilegio de contemplar la hermosa trama urbana radioconcéntrica de la Villa y Puerto de Garachico; un plano tan singular que llegó a denominarse como la Pequeña Génova del Atlántico, algo que tampoco es de extrañar teniendo en cuenta el origen de su fundador, el banquero Cristóbal de Ponte, que ya desde 1499 se constata tenía residencia en la zona.

Desde este lugar elevado, rodeado por las lavas que, aquel lejano mayo de 1706, fluyeron sobre  estas pronunciadas pendientes que enmarcan la población, procedentes de la erupción del volcán de Montaña Negra o Trevejo, llegan recuerdos de mi infancia,  aquellas historias y leyendas que leía o me contaban durante mi etapa escolar, aquellas  que mencionaban la presencia de barcos sepultados bajo la lava, cargados de fabulosos tesoros, oro y joyas, pavimentos de mármol que enaltecían aquellas calles llenas de opulencia, por las que transitaban incesantemente, clérigos, banqueros, mercaderes, comerciantes y terratenientes, sin duda lo más selecto de los estamentos sociales de la isla en aquellos años. Uno imaginaba el mito pompeyano trasladado a Tenerife.

Mapa de Garachico de Leonardo Torriani (finales del siglo XVI), donde se observa la magnitud de la bahía antes de la erupción de 1706, así como la peculiar distribución que adquiere la trama urbana muy semejante a los modelos adoptados por Génova.

Siempre he sentido predilección por los cascos históricos, ellos concentran, sin duda,  gran parte de la esencia cultural de nuestra tierra, constituyendo un libro abierto de los modos de vida pretéritos, de la evolución de nuestra arquitectura y poblamiento, las influencias constructivas y sociales de tanto endógenas como exógenas, en definitiva nos muestran muchos matices de nuestra cultura. 

Ningún otro lugar del norte de la isla de Tenerife disponía de mejor fondeadero que la amplia y protegida rada garachiquense. Desde los primeros años subsiguientes a la conquista europea, la industria azucarera se convirtió en el motor de la economía insular y la zona de Daute fue, sin duda, un referente en términos de producción y exportación de tan preciado género. De este modo, no es de extrañar el desarrollo poblacional que pronto adquirió el lugar como entrada y salida de productos; lugar donde se realizaban las transacciones comerciales y se desarrollaba una intensa mercadería, comenzando tempranamente a consolidarse una peculiar trama urbana en torno a su amplia ensenada. 

Así nace Garachico, consolidándose como núcleo urbano donde, con el tiempo, se fueron estableciendo banqueros, promotores, consignatarios, carpinteros de ribera, pescadores y otras gentes vinculadas al sector y la actividad agrícola y portuaria, así como importantes órdenes religiosas que eligieron la Villa para levantar sus conventos, ermitas e iglesias, algunas de las cuáles aun permanecen en pie.

El siglo XVII constituye su época de máximo esplendor, con el ciclo del azúcar acabado y el auge de los famosos vinos de malvasía, los más apreciados en el mundo de aquella época y cuyo secreto, desdichadamente, parece perderse en la noche de los tiempos.

De su puerto, para bien y para mal, dependía la economía de la Villa. Acondicionado durante el reinado de Felipe II, partían las naves cargadas de azúcar y, posteriormente, con el afamado malvasía hacia los puertos del “Nuevo Mundo”, Gran Bretaña, Flandes, Angola, etc., y regresaban repletas de productos de considerable estima, como especias orientales, esclavos de África, paños ingleses, obras de arte de Flandes y diversos productos manufacturados, como joyas, aceites, cueros, y otros géneros de estimable valor. Fruto de ese desarrollo mercantil y social, Garachico se transformó en una localidad próspera, sin parangón en la Isla, hasta  la erupción volcánica de Trevejo o Montaña Negra, cuando aquel lejano 5 de mayo de 1706 la tierra se abrió en la cumbre y varias lenguas de lava discurrieron ladera abajo, salvando el escollo orográfico, sepultando para siempre la hermosa bahía que quedó reducida a la pequeña rada que vemos hoy, y cercenando cualquier  posibilidad de mantener su privilegiado estatus. Aquel importante puerto comercial apenas pasó a convertirse en un modesto caladero de barcos de pesca.

Qué curiosa paradoja la del cremonense Leonardo Torriani, ingeniero militar de Felipe II, cuando analizando las necesidades de defensa de la población convino reforzar ambos flancos, este y oeste, menos por detrás -hacia el sur-, afirmando: "Garachico se halla debajo de montañas muy altas, por donde no le puede venir ningún daño"


...y FUE DESDE LA CUMBRE DONDE VINO EL DAÑO IRREPARABLE...
Una de las lenguas de lava que inutilizaron la rada en 1706.
"Puerta de Tierra" (siglo XVI), rescatada de las
 lavas de la erupción de 1706 . Era la entrada principal 
de aquel puerto por donde entraban y salían 
mercancías de todo tipo. 

Castillo de San Miguel (1575)
Sin duda era Garachico aquel lugar delicioso y puerto de mar opulento, del cual nos dejó la siguiente descripción el franciscano y escritor Fray Andrés Abreu:

"Está la alegre y hermosa situación de Garachico al pie de un risco que se levanta por la parte del sur, tan empinado que no parece sino antepecho de esmeralda en que descansa el cielo... tan derecho... que su misma elevación protesta sus trabajos en el continuo sudor de muchas copiosas fuentes... Es verdaderamente deleitable a la vista, porque todo el año se viste de una agradable primavera que, en la amigable composición de pensiles y montes, mezcla frondosas vides y variedad de plantas fructíferas... con la permanente frescura de árboles silvestres... Por la parte del norte se halla el lugar sitiado de la jurisdicción del mar, a quien embravecen tanto los enojos del cierzo que suele salir de su curso y atravesar las calles...".

Imagen del Garachico a finales del siglo XIX


Una trama urbana singular, vinculada a la presencia genovesa

Fundado en 1499 por el genovés Cristóbal de Ponte, Garachico, como “centro neurálgico” de la presencia genovesa en la Isla de Tenerife y Comarca de Daute, en el siglo XVI, refleja en su diseño urbano, arquitectura y expresiones patrimoniales, a escala reducida, gran parte de los modelos de hábitat propios de Génova y su poderosa República italiana de finales de la Baja Edad Media.

La importancia comercial adquirida durante los siglos XVI y XVII, así como su peculiar morfología urbana y planimetría de la Villa, justifican el calificativo de “La Pequeña Génova Atlántica”.

Panorámica de Garachico donde se refleja su peculiar plano.
La impronta del Renacimiento tardío

Añeja silueta de casonas con balcones y la Iglesia matriz
de Santa Ana (1520), al fondo.
Un paseo por su primigenia trama refleja las formas específicas a través de las cuáles el Renacimiento tardío se proyecta en el espacio urbano, con especial incidencia en las tipologías del hábitat y la arquitectura religiosa. La Iglesia Matriz de Santa Ana, el Convento de San Francisco o la Casa de los Marqueses de Adeje y Condes de la Gomera son fieles exponentes de esta corriente que se extiende hasta el siglo XVII.
La "Casa de Piedra" o de los Condes de La Gomera (siglo XVII)
Rincón garachiquense y pórtico del Convento
 de San Francisco
 Una ciudad libre y tolerante

Otro de los grandes rasgos que se puede inferir en la arquitectura de la Villa deriva de la importante presencia en la Comarca de judíos y moriscos, en especial de origen portugués, que habían huido del rigor inquisitorial en el continente. Un espacio, sin duda, de libertad en la dura etapa de intransigencia religiosa generada a partir de 1482, con la potenciación en la Monarquía hispana del Santo Oficio. Retazos de estas culturas, pueden verse en los artesonados mudéjares de los templos, como la Parroquia Matriz de Santa Ana o el ex-convento de San Francisco, y en los edificios del casco que presentan el característico ajimez u oteadero, como los de la Casa de los Marqueses de la Quinta Roja, la Casa de los Ponte y otros inmuebles ligados a algunos inmigrantes célebres que se asentaron en la zona.



Casas con  ajímez u oteadero, torreón desde el cuál se
divisaba el tránsito de barcos en la rada




Casa de Ponte (S.XVIII), con su ajímez característico, notable inmueble hoy reconvertido en hotel
Una arquitectura tradicional en todas sus variedades

Hacienda de El Lamero

Un paseo por la estrecha red de calles y vericuetos de la Villa, declarada Bien de Interés Cultural como Conjunto Histórico, en 1994 por el Gobierno de Canarias, nos descubre la belleza del patrimonio arquitectónico que concita, representado por la vivienda doméstica popular, de una planta, donde se infiere la notable impronta portuguesa en sus tejados a cuatro aguas rematados en punta de diamante. 

También abundan edificaciones de dos y tres alturas levantadas por familias con mayor poder adquisitivo, propietarios de la tierra, banqueros, consignatarios, clero y otros. Sobresalen asimismo algunas "haciendas", grandes inmuebles adscritos a una gran propiedad, otrora ligados a todo el sistema productivo desarrollado en su entorno. La Hacienda de El Lamero o la casa del Marqués de Villafuerte constituyen dos magníficos ejemplos. 

A todo ello hay que añadir sus notables exponentes de la arquitectura religiosa, muchos de ellos presentes desde la época fundacional, con destacadas fábricas que denotan la importancia que en su día llegó a adquirir el lugar.

La Casa de Arango (S-XVII), otro superviviente
milagroso de aquellos ríos de lava
que anegaron e inutilizaron la rada.
Véase una de las lenguas en la ladera.


Monumento que conmemora
el célebre "Derrame del Vino" de 1666,
obra del grancanario Luis Montull.

Más de cinco siglos de avatares jalonan su existencia. Una Villa que ha sabido resistir y sobreponerse a cuantas contingencias se han cruzado en su devenir histórico; no en vano siempre fue punto codiciado por la piratería; un lugar que ha sufrido temporales de mar devastadores, grandes incendios, mortales epidemias de peste, contrarrestado importantes crisis económicas, rebeliones populares como el célebre "Derrame del vino", acaecido en 1666, motín donde los garachiquenses se rebelan contra la pretensión monopolista inglesa; y, sobre todo, el azote del volcán de Trevejo, aquél funesto 5 de mayo de 1706, cuyas lavas cegaron su rada y cercenaron un futuro de prosperidad.

Con todo, hoy la Villa mantiene vivas las señas de identidad de lo que otrora fue, siendo el principal activo para garantizar el futuro de sus gentes, una impronta del pasado que no sólo ha de ser conservada, sino también, en la medida de lo posible, acrecentada, a través de políticas públicas que realcen, en clave sostenible, sus históricos valores y la idiosincrasia del lugar. 

La Plaza de Abajo, lugar aproximado donde se realizaban los embarques previos a 1706.
Panorámica con característico plano urbano de Garachico
Estampa característica de Garachico, junto a su Roque.
Detalle del casco de Garachico. En primer término la Plaza de Abajo y destacando la Iglesia matriz de Santa Ana (S- XVI)




















VALORACIÓN DEL LUGAR


1 2 3 4 5
VALORES PATRIMONIALES




VALORES PAISAJÍSTICOS




VALORES CIENTÍFICOS




GRADO DE CONSERVACIÓN




CAPACIDAD EVOCADORA




domingo, 2 de octubre de 2016

LAS "VIEJAS" RUTAS DEL SUR DE TENERIFE, CAMINOS CON ALMA QUE LANGUIDECEN


Mapa de caminos reales de Tenerife. Atribuido a Antonio Riviere. 1740
Ahí permanecen, incólumes, impasibles, acaso esperando que “alguien” se acuerde de ellas, sí de esas “piedras” otrora testigo de las experiencias vitales de nuestros lejanos, que sobre ellas transitaban con sus bestias repletas de cargamentos. Viejos caminos que fueron lugar de encuentro entre los lugareños y la gente de “afuera”, gentes del norte y del sur, tan cercanas y a la vez tan distantes entre sí; fruto de una orografía hostil, que secularmente condicionó la tenue y precaria red de comunicaciones de estas tierras del “Sur” de nuestra isla de Nivaria. Hecho nada baladí, hasta el punto que muchos de los habitantes sureños jamás llegaron a pisar la “isla verde”, esa que se extiende por la toda la vertiente norte hasta la costa, al otro lado del Teide, y sin más recuerdos que llevarse a la tumba que los tonos ocres de la sempiterna aridez de una tierra volcánica joven, donde las escasas y esporádicas lluvias no permiten más crecimiento que ese matorral abierto característico de nuestro piso basal canario, amalgama de especies suculentas, raras y bellas a la vez. Sólo en las altas medianías y cumbres es posible disfrutar de cierto verdor, de ese pinar abierto que se desarrolla hasta los dominios de lo que los guanches denominaban la morada de Guayota, el Teide y Las Cañadas.


Acercarse al conocimiento del territorio de las comarca del Sureste,  Abona, Chasna e Isora - representadas por los municipios de Candelaria, Güimar, Fasnia, Arico, San Miguel, Vilaflor, Granadilla, Arona, Adeje y Guía de Isora- requiere una aproximación histórica a sus primigenias vías de comunicación; teniendo, por un lado, los viejos "caminos radiales" que discurren de costa a cumbre, tan necesarios en las comunicaciones verticales en tiempos donde los productos y mercancías fundamentalmente tenían salida por mar y, por otro, los "caminos reales", aquella gran vía que, a modo de añeja "autopista", comunicaba los pueblos del Sur con La Laguna y la capital, Santa Cruz de Tenerife. La construcción de la Carretera General del Sur, en las primeras décadas del Siglo XX, supone el declive y abandono de estos viejos itinerarios, en el mejor de los casos hoy puestos en valor, algunos tramos, como senderos turísticos, homologados o no.

Tramo del camino real entre Fasnia y El Escobonal. Al paso por el Barranco de Herques
Imagino que suene romántico, en pleno siglo XXI, acordarnos que alguna vez unos caminos infames, duros y sinuosos fueron tan importantes para la sociedad insular y estuvieran tan llenos de vida; pero es la fiel realidad, es nuestra historia, forma parte de nuestra memoria como pueblo, y las historias que en ellos acontecieron merecen ser dadas a conocer y, en la medida de lo posible, ser rescatados del olvido y puestos en valor para su uso, no como el de antes, algo que sería un sinsentido, pero sí en aras de poder disfrutar de sus  singulares vericuetos, rincones y paisajes que transitan. ¿Qué estamos enseñando en las escuelas?, ¿acaso estas cosas no conciencian, no interesan?, ¿qué estamos ofreciendo a nuestros turistas más que esos tópicos ”palizones” de guagua para ver cuatro cosas y comer en esos “salones” de turno?. Humildemente pienso que debemos tomar nota y plantearnos estas cosas.

Uno de los males/patologías de los caminos reales, el el "descarnado" de su empedrado por falta de mantenimiento. De no actuarse sobre ellos estos activos patrimoniales pronto desaparecerán. Arico
Tramo empedrado con pavimento en buenas condiciones. Arico
Desde aquí esta pequeña aportación sin más mensaje que el cuidar de estas pequeñas cosas puede conllevar réditos inesperados y no sólo económicos.
Tramo del camino real Arico-El Río
Tramo de un camino costa-cumbre. Altos de Granadilla. 
Tramo del camino real que comunica la Villa de Arico con Arico Nuevo
El camino real empedrado que transita hacia Arico Nuevo, al fondo.



martes, 27 de septiembre de 2016

TEGUERGUENCHE, TIERRA DE ADIVINOS Y PAN SEMBRAR


Mesa de Teguerguenche
Amanece en La Calera -Valle Gran Rey, isla de La Gomera- enclave situado en la desembocadura del imponente valle de Gran Rey, esa abrupta depresión rodeada de riscos y paredones, con laderas adaptadas mediante bancales para el cultivo, ímprobo trabajo del campesino a lo largo de muchas generaciones, parcialmente ocupados por abundantes palmerales que marcan la idiosincrasia paisajística de todo el ámbito y que tanto impresionan al visitante.  

El núcleo urbano de La Calera, uno de los caseríos principales de Valle Gran Rey,  se encuentra a los pies de dos grandes promontorios, La Mérica y Teguerguenche, que se elevan más de 700 metros desde su base.  Estos riscos en realidad son parte de los interfluvios que delimitan el valle, que se ensanchan y “amesetan” en su tramo final.  

Núcleo de La Calera desde lo alto de la Mesa de Teguerguenche
La mesa de Teguerguenche es el destino marcado, una ruta que destila encanto, leyendas y, sobre todo, donde se infiere el esfuerzo por la supervivencia de sus moradores en un pasado no tan lejano que, a base de sangre, sudor y lágrimas, lograron producir alimentos en lugares casi inverosímiles y muy alejados de los caseríos y principales poblaciones de la isla.  

Valle Gran Rey
Bien pertrechado y con fuerzas, espera una larga y dura  subida por el camino de Los Reyes -que actualmente se adscribe a un tramo del sendero GR-132, sendero Circular de Gran Recorrido que rodea la isla- hasta salvar el risco por la degollada que marca el paso hacia el Barranco de Argaga.

Durante el ascenso no dejan de sorprender las imponentes vistas de un valle lleno de matices, conforme me voy alejando del cauce, y esa gran depresión esculpida durante millones de años por los agentes erosivos se manifiesta en toda su amplitud. Una vez salvado el gran escollo orográfico y llegado a la degollada,  se nos presenta, desde lo alto, el citado Barranco de Argaga y su cabecera, otra joya de la geología y del paisaje insular. Desde este punto se ha de abandonar el sendero GR-132 y tomar la ruta no señalizada de la Montaña del Adivino -en dirección hacia la costa-, antesala de la mesa o lomada de Teguerguenche.  
A lo largo del recorrido nos sentiremos observados

A Teguerguenche también puede accederse, en un recorrido de menor dificultad, desde la Ermita de Guará, pequeño templo donde se venera  a la Virgen de Guadalupe, próxima al núcleo de Gerián, cercano a Chipude. 



EL BARRANCO DE ARGAGA



Bancales derruidos junto al cauce del barranco
Para un observador no iniciado o visitante eventual, este espacio sin ocupación humana, libre de casas y edificios ni huellas conspicuas de civilización, lo podrá percibir como un magnífico ejemplo de paisaje “natural”. Sin embargo, si hacemos una prospección minuciosa y una lectura del paisaje, veremos muchas “huellas” que nos hablan de un espacio con una impronta humana secular, detectando algunas estructuras y muchos restos de aprovechamientos de recursos en su seno. Si bien todo ese modus vivendi forjado en torno a este barranco forma parte ya de tiempos pretéritos. De este modo, toda esta cuenca de Argaga debe contemplarse como un espacio donde han coexistido, en cierto modo en coevolución, las prístinas formas geológicas y comunidades vegetales potenciales, junto a otros espacios ampliamente transformados y adaptados para el aprovechamiento humano, conformando un paisaje cultural agrario muy característico en todos los barrancos gomeros. 

Bancales derruidos en las laderas de Argaga
Ante nuestros ojos se nos presentan algunos sectores de bancales, parcialmente derruidos casi todos ellos. El abandono agrícola y deterioro de los mismos no sólo supone una pérdida de idiosincrasia cultural y paisajística, sino un daño ecológico de primer orden debido a la pérdida de suelo fértil por erosión.

La población local, consciente de la importancia que ha tenido y que tiene la superficie abancalada en su terruño, muestra ciertos sesgos de nostalgia al hablar de ellos, como así se ha podido inferir a través de la información oral:

“Los bancales antes si se caían cada cual levantaba el suyo, ahora si se cae uno no hay quien lo levante. Andencitos, andencitos, andencitos pa plantar, esos paredones eran andenes pa plantar papa, batata, cebolla, millo y entonces se regaba, la última de allá arriba la acequia de Los Chorros, regaba todo eso… así”.

Dña. Catalina Bello Chinea. (1928-Los Granados)

Palmeral en uno de los meandros que forma el cauce del barranco


Bella estampa del cauce del barranco

Depósito construido junto al cauce del barranco
Pequeños depósitos y tomaderos próximos a los meandros de su cauce nos hablan del aprovechamiento de la escorrentía para el riego. 




Casas-cueva denominadas como Cuevas "Mermejas"
Algunas familias propietarias o arrendatarias de estas tierras llegaron a vivir en el propio barranco, en las casas-cueva que aun hoy se conservan, en mejor o peor estado, en algunos escarpes de la ladera de Gerián.

Este tipo de hábitat se caracteriza por aprovechar oquedades naturales o construidas ex profeso.  “Cuevas Mermejas”, es la agrupación más importante . Se trata de un conjunto de cuevas excavadas en una capa de almagre –material rojizo, arcilloso muy deleznable- bajo un potente estrato de colada basáltica. 

“…Esto se llama La Cueva de Los Riscos Caídos, hay cuevas granditas ahí… Sí, en todas estas cuevas vivía antiguamente la gente de Gerián, también en Las Cuevas de Las Barreras, ahí vivían quince o veinte vecinos, pero allí, en La Veta, encima de El Juaclo ha vivido siempre gente, en lo alto”.


D. Antonio Márquez. (1936-Gerián)


Lagar de Medino
La producción vitivinícola también ha quedado patente en este espacio. Los  restos del antiguo lagar conocido como Casa de Medino, en el curso medio del barranco y también del lagar de Gerián, situado en su entorno, así lo atestiguan.

El estado de conservación del lagar de Medino es ruinoso, conservándose únicamente la piedra, la tina y la viquera, así como la estructura, a modo de casa. El lagar de Medino no posee bodega asociada y un informante local aporta un conocimiento que da que pensar que la importancia del vino en esta zona era de una magnitud mucho mayor de la que nos ha llegado hasta nuestros días.


“…lo llevaban pa la Joya de La Calera y luego lo bajaban por la Joya del Gitano hasta Valle Gran Rey, lo llevaban exprimido de aquí en mosto en foles de cuero de macho y cabra,…, esto está todo perdido, ya esto se acabó”.
                                                                                                      D. Antonio Márquez Chinea. (1936-Gerián)

En definitiva Argaga no deja de ser un libro abierto que nos habla de una constante ”lucha " hombre vs naturaleza por obtener la supervivencia en épocas de obligada autarquía.


LUGAR DE “ADIVINOS”


Prosiguiendo el camino hacia la mesa de Teguerguenche, sorteamos lo que la toponimia y algunas fuentes etnohistóricas, como Torriani o el historiador grancanario Pedro Agustín del Castillo, adscriben a lugar de“adivinos”. Los topónimos de Montaña del Adivino y de  Aguamuje - que significa el adivino, el sabio, hijo del que reza… - así lo testimonian. 

Se presupone que en estos riscos aquellos sabios o adivinos realizaban los ritos para sus predicciones, casi siempre tendentes a saber las coyunturas meteorológicas y llegada de lluvias, una suerte de cabañuelas en definitiva. 



Estructura en la Montaña del Adivino
Otros han apuntado  a Hupalupo como el “adivino”que da nombre a la montaña. Éste fue el padre de Yballa, novia de Huateperche, célebres personajes que intervinieron en la “Rebelión de Los Gomeros” de 1488.

En cualquier caso hablamos de un lugar “sagrado”, venerado por los antiguos gomeros y relacionado posiblemente con ritos de invocación o predicción de lluvias, elemento fundamental para la vida de los habitantes de la isla.





LA MESETA DE TEGUERGUENCHE


Meseta de Teguerguenche y bancales de secano construidos ex profeso para la siembra del cereal
Tras un último tramo de ligera ascensión, y tras sortear la Montaña del Adivino, se presenta ante mis ojos la amplitud de la meseta de Teguerguenche, una gran altiplanicie, en ligera rampa, limitada por altos acantilados. 

Los bancales de secano, terrazas de suave pendiente,  ocupan buena parte del área amesetada,  en ellos muchas generaciones de gomeros cultivaron cereales, principalmente trigo y cebada. La producción cerealística en tiempos pretéritos constituía la base alimentaria y, su excedente, moneda de intercambio.  
Era con piedras hincadas delimitando su perímetro

Algunas eras, con su característico  empedrado, refuerzan el pasado cerealístico de toda la meseta. Allí no sólo se cultivaba, sino que, además, se separaba el grano de la paja, partiendo el grano listo para su destino, venta o trueque. 

“Porque cada cual trillaba allí pa no bajarla pa aquí abajo y se traía el grano limpio. Todo eso se sembraba de trigo y cebada”.

[En referencia a las eras de Teguerguenche]
Dñª. Catalina Bello Chinea. (1928- Los Granados)
Otra de las eras aquí presentes

Detalle del pavimento basáltico enlosado.

Restos de precarias casas  y dependencias para el ganado nos hablan de una secular ocupación estacional de este enclave. 
Antigua vivienda sin la teja de su cubierta y parte de su armazón

Pila principal 
De igual modo, gran significado etnográfico tienen las “pilas” de agua presentes en el lugar. Ingeniosos sistemas para captación y aprovechamiento del agua de lluvia, realizados en los escasos afloramientos rocosos del lugar. Consistían en la identificación de una oquedad natural y su delimitación con grandes losas planas. Es posible que esta praxis provenga de los antiguos gomeros. Estas pilas constituían, además, un indicador sobre las fechas en que había que sembrar, anunciando que el terreno ya se encontraba suficientemente empapado y, por tanto, apto para la siembra.


Detalle de la pila principal aun con agua acumulada. Al fondo las terrazas de cultivo

Otro detalle de la pila


Las magníficas atalayas y vistas que ofrece el lugar constituyen uno de sus mayores activos e incentivos para visitarlo. 


Borbalán, La Puntilla, Vueltas y su puerto desde Teguerguenche
Puerto de Vueltas desde la altura
Vista de La Calera y La Playa desde Teguerguenche
Fortaleza de Chipude desde Teguerguenche . Imponente domo volcánico y lugar sagrado de los gomeros
Costa de Iguala -Vallehermoso- desde Teguerguenche


Por fin cae la tarde, han sido varias horas escrutando la amplitud de tamaño escenario, qué lugar!. Cómo evocan estos espacios solitarios, abiertos y aislados, cada vez más escasos en nuestra geografía insular!. 

Alongado desde una de las muchas atalayas que ofrecen distintas perspectivas del entorno uno se siente privilegiado, aquí no hay estrés y los problemas o inquietudes que cualquier ser humano lleva consigo se minimizan. Valió la pena el esfuerzo del duro camino. 


Toca regresar, pero seguro no será la última vez que pise este lugar! 



VALORACIÓN DEL LUGAR



1 2 3 4 5
VALORES PATRIMONIALES




VALORES PAISAJÍSTICOS




VALORES CIENTÍFICOS




GRADO DE CONSERVACIÓN




CAPACIDAD EVOCADORA